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La Navidad está cerca.

Ya se oyen en la lejanía los cascabeles de los renos de Santa o el trotar de los camellos de oriente y las fábricas de juguetes e ilusiones están a toda marcha. Los escaparates con dulces navideños nos lo vienen recordando casi desde que acabó el verano.
Estamos a algo más de un mes de las fiestas por excelencia de cada año: las Navidades. Para algunos unos momentos terribles, angustiosos, para otros unos momentos de alegría exagerada y a veces antinatural. Me quedo en el punto medio, son unas fechas algo especiales, un cambio de año, un momento de reflexión, días de reencuentros, de alegrías, de recuerdos, de romper con rutinas, momentos de felicidad. Y algo de descanso, bueno, si no tienes críos en casa. En fin, que le voy a hacer, me gustan las navidades de forma distinta a como me gusta el verano.
Y hay que ser prácticos, ese cambio de año, es un momento de renovación. Hay que dedicar tiempo a la casa, hay que darle un repaso a fondo. Y dado el armonioso desorden en el que me muevo habitualmente, son unos momentos de sorpresas: te encuentras esa pulsera que hace tanto que veías o esos diez euros bajo el cojín del sofá… Y mientras me dedico a esos menesteres mundanos con el quita grasa en una mano y la bayeta en la otra, mi cabeza empieza a rodar y visualizo el salón con la decoración navideña. Soy de los que ponen un árbol en un rincón visible, lleno de adornos y pequeñas tonterías, y me gusta verlo lleno de luces.
Navidad en OkrecetasEs hora de reponer adornos antiguos, completar con otros más actuales. ¡Ya está bien de angelitos y papa noeles!. En el árbol también tienen cabida unos duendecillos junto a unas hadas, o esas cajitas de colorines, o esas bolas de madera nacarada … En fin es hora de ir preparando la nueva decoración para la casa. Los centros de mesa del año pasado ya están muy vistos, renovemos. En un paseo por las calles nos asaltarán múltiples ideas desde los escaparates que empiezan a reflejar esas fechas de cambio y consumo, si un poquito nos pasamos. Ya sabemos que los brillos plateados o dorados son los reyes de este tipo de decoración, un equilibrio entre ellos sin exagerar combinado con rojos siempre resulta agradable a la vista. Pero solo toques: centro de mesa, manteles, las servilletas, algún toque llamativo pero sin exagerar. Un árbol bien decorado debe ser el que se lleve la mayoría de los adornos.
Y del árbol a los fogones. Empiezan a saltar en mi cabeza los platos llenos de exquisitos manjares, las botellas, los dulces navideños. Es necesario preparar el menú, y no me gusta repetirme de un año para otro. Así que cojamos papel y lápiz y a escribir. Pero primero ¿seremos muchos?¿qué gusta más la carne o el pescado?. Particularmente prefiero ambos carne y pescado, pero en cualquier caso en preparados no demasiado cargados. Unas navidades no deben ser sinónimo de kilos de más o de grandes indigestiones.
No me gusta pasar estos días dependiendo del reloj del horno o de las cazuelas en el fuego. Pero claro, es un momento donde gusta ver a los demás disfrutar con tus platos ¿verdad?. Para eso me planteo algún plato principal, con cierto trabajo, para lucirse, pero combinar con platos que puedan prepararse previamente, que no exijan demasiado tiempo, que si sobra puedan utilizarse. Ya sabemos que el día de navidad no estamos para muchos malabares culinarios, y no digamos en año nuevo.
Los volavanes con rellenos fríos, un buen paté de foie, alguna crema de queso sobre tostaditas, los ahumados son buenas ideas para entrantes. Un plato algo más fuerte como una buena crema de calabacín me gusta añadirle tropezones como pan frito virutas de  jamón. Un plato más  consistente puede ser un pescado (merluza, bacalao) en salsa verde o unas chuletas de cordero hojaldradas. Y para los postres no nos complicamos demasiado: macedonia de frutas a ser posible natural o composiciones a base de helados cierran un buen menú. Este tipo de menús no supone un trabajo concentrado en el tiempo, permiten incluso una preparación previa.
Si hemos sido capaces de elaborar nuestros menús principales, toca pensar en comprar ahora esos alimentos cuyos precios crecen con el frío de diciembre. Haz sitio en el congelador y empieza a comprar ese cordero o marisco que luego no podrás ni oler.
Pues nada, este es un simple apunte que me ha venido a la cabeza con el sonido lejano de los villancicos y el susurro de los renos de Santa.


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